PLANES CON PEQUES, VIDA DE ESCRITORA

ME LO CUENTAS O TE LO CUENTO

El pasado 2 de abril celebramos el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil y con el fin de rendir un pequeño homenaje personal, dedico la entrada de hoy a este género , que no sólo no es “chico” sino que va creciendo cada día y consolidando su lugar entre los “grandes”.

Este post va dirigido no solo a padres, madres y docentes, sino a todos los que por una u otra razón, pasan parte de su tiempo con niños. En él voy a hablar de un reciente descubrimiento para mí, pues posiblemente muchos de vosotros ya las conoceréis. Se trata de las páginas webs para crear e ilustrar tus propios cuentos. Con ellas podéis convertiros en los mejores contadores de cuentos de vuestra casa o escuela. Vamos allá.


PICTURE BOOK MAKER

Picture Book Maker es uno de los múltiples recursos que encontrarás en la web de Culture Street para potenciar la creatividad de los más jóvenes en los distintos ámbitos artísticos . La he puesto en primer lugar por su sencillez. Es muy, pero que muy fácil, ideal para iniciarse en la creación de cuentos on line o para disfrutarla con los más peques. Con este programa puedes crear breves cuentos en cuestión de minutos pero igual de rápido se te quedará pequeña.

Esta página web es gratuita. Aunque no es obligatorio sí resulta recomendable que te registres porque así podrás guardar tus historias y editarlas posteriormente.

Incluye algunos fondos, objetos y animales prediseñados. El aspecto negativo es su escasez de imágenes y que no te permite subir tus propios dibujos. Sólo tienes que elegir y arrastrarlos hacia su lugar en cada página y escribir los textos de la historia. Para finalizar puedes imprimir tu cuento.

MY STORYBOOK

Esta página web está orientada al público docente aunque puede ser empleada por cualquiera que tenga ganas de crear e ilustrar una historia. Con ella puedes crear una historia añadiendo elementos, fondos, textos e incluso dibujar on line. También puedes añadir nuevas páginas si es necesario, opción que CultureStreet no te permite. Tiene una variada galería de imágenes entre las que elegir aunque personalmente las expresiones de los personajes no son las que más me gustan.

Esta aplicación te permite publicar y compartir gratuitamente tu historia online. Si quieres descargarla en formato electrónico, se requiere realizar un pago previo. No incluye la posibilidad de imprimir el libro o de conseguirlo en formato papel.

STORY JUMPER

La prefiero a las dos anteriores por dos razones: su galería de elementos para personalizar la historia es muy amplia y además te permite emplear tus propias imágenes.

Con StoryJumper puedes guardar, imprimir y compartir tus creaciones gratuitamente. Para convertirlas debes realizar un pago. Los precios van desde los 2.99$, para descargar libros electrónicos y audiolibros hasta 16 paginas (+ $0.10/página extra). Para el formato de papel, los precios parten de 12.99$ (tapa blanda) y 24.99$ (tapa dura). Incluso permite la opción de adquirir una tarjeta regalo (lo que me parece una idea de lo más original para regalar a aquellos que les guste crear historias dirigidas al público infantil).

STORYBIRD


A diferencia de las anteriores, para poder empezar a utilizar esta aplicación es necesario registrarse, y para ello, puedes elegir entre el perfil de estudiante o el de profesor. El registro inicial de prueba por un periodo de 30 días es gratuito. Cuenta además con una versión Premium.

Este recurso, desarrollado por el canadiense Mark Ury, es ideal para que los alumnos de Primaria y Secundaria trabajen la creatividad, la expresión escrita y la comprensión lectora. StoryBird puede ser una herramienta de gran utilidad en las clases de Lengua y Literatura.
Permite crear cuentos online y compartirlas en la red. Ofrece gran variedad de imágenes y la posibilidad de construir las historias de forma colaborativa.

Además de crear historias, Storybird funciona como una red social de cuentos donde se puede seguir a otros usuarios y leer sus historias ilustradas. Se puede utilizar Storybird en clase para motivar a los alumnos a que escriban y lean, fomentar su gusto por la ilustración y motivar el trabajo en equipo, bien proponiendo a los alumnos que escriban una historia o un poema a partir de la misma ilustración o planteando un concurso literario.

Además, cuenta con infinidad de recursos para crear (guías, tutoriales) y para motivar (premios, puntuaciones). Probablemente sea la aplicación más completa.

CUENTACUENTOS

Cuentacuentos nace en el año 2014 de un proyecto escolar (“En el recreo te cuento”) con el objetivo de facilitar a los niños y niñas una herramienta que les permita crear, compartir y leer cuentos de una manera fácil y entretenida. Ha sido premiada por su valor pedagógico a la hora de aplicar las TICs en centros educativos. Al contrario de las anteriores, esta web está en español. Su uso es gratuito.

Lo que más me ha gustado de esta página es que ofrece una plantilla que sirve de guía a los niños para crear su propia historia, lo que puede resultar de gran ayuda especialmente al comienzo. Además, los cuentos pueden incluir también audio y las imágenes de los personajes pueden ser animadas.

ELEMENTARI

Con esta aplicación web gratuita cualquiera puede crear de forma sencilla sus propias historias interactivas. Es necesario registrarse pero puedes usar tus credenciales de Facebook, Google o Twitter. Sin descargas ni instalaciones, se trabaja directamente en el navegador web. Entre sus ventajas se encuentran:
• Cientos de ilustraciones y sonidos para utilizar en nuestras historias.
• Edita tus imágenes con filtros y herramientas de edición de imagen.
• Cientos de tipografías disponibles.
• Efectos de animación, con movimientos, fundido, rotación y mucho más.
• Diversos widgets para incorporar cuestionarios, botones personalizables y más.

Además de estas páginas web existen muchas aplicaciones para dispositivos Android e IOS, como la multipremiada CREAPPCUENTOS . Tal y como explica uno de sus creadores, la idea nació en un entorno familiar, cuando se dio cuenta de que las narraciones clásicas no se adaptaban a sus necesidades ni a las de su hija.
Esta app está dirigida a padres, madres y familiares con hijos hasta 12 años con la que, a través de unos sencillos pasos, se crean historias interactivas y diferentes.

Sus personajes han sido ilustrados por profesionales reconocidos, como Alberto Garcia Ariza, Abraham Carreiro, Raquel López, Pirusca y Pepe Carreiro; una de las grandes claves de este proyecto. También permite añadir música a las historias.

¿Qué te parecen estas herramientas? ¿Te animas a probarlas? Seguro que te divertirás creando estupendas historias y sacando ese niño (escritor) que todos llevamos dentro. Ahora podrás inventar infinidad de cuentos (¡ilustrados!) para los peques o dejarles que sean ellos los que, esta vez, te cuenten el cuento.

Como has llegado hasta el final, te he reservado una sorpresa: en primicia, la portada de una antología de cuentos que verá la luz el próximo mes de mayo. He tenido el honor de participar en ella con un cuento de mi propia cosecha (Rebelión en Fantasía) .

Antología benéfica

Como ves la antología se titula 39 saltos en el charco, un salto por cada uno de los cuentos que la componen. Es benéfica por lo que todo lo recaudado con su venta irá destinado a los programas educativos y lúdicos infantiles de la Fundación Pere Tarrés. En este proyecto hemos participado 33 escritores y 22 ilustradores y todo ello ha sido posible gracias a la coordinación y buen hacer de Ana Escudero Canosa. Estoy segura de que os gustará.

PLANES CON PEQUES

El viaje de nuestros deseos

“Esto me recuerda al principio de Alicia en el País de las Maravillas”, pensé mientras descendíamos por aquella empinada escalera subterránea. Por fin, habíamos conseguido llegar hasta allí. Después de una espera de casi cien minutos en aquel frío y un tanto desangelado lugar, en el que se fundían todas las tonalidades posibles de gris (desde el cemento del suelo hasta plomizo del cielo pasando por las fachadas de los edificios), las puertas del lugar donde comienza la magia de la Navidad se abrieron para nosotros (nueve niños y once adultos).

Aquí comenzaba nuestra mágica aventura

Después de muchos escalones llegamos a un ancho pasillo donde un elfo, vestido con el uniforme de empleado de estación, nos estaba esperando. Cuando nos vio pegó un brinco, descorrió un enorme cortinaje y nos dio la bienvenida a aquel mágico lugar: el Departamento de Envíos Extraordinarios de Correos. Concretamente, a la estación de tren, punto de origen de esta mágica aventura.

El Jefe del Departamento salió a recibirnos e indicó a los niños que se dieran las manos para formar una cadena frente a la taquilla, donde el primer elfo se había metido. En cuestión de segundos ya estaba hecha. Entonces, la pequeña que encabezaba la fila debía posar su manita sobre una pantalla. Al instante se iluminó el mensaje “Niño/a bueno/a”. Perfecto, primera prueba superada.

El Jefe del Departamento nos guió hasta una pared de ladrillo, la golpeó con los nudillos y escuchamos una alegre voz femenina que nos autorizó el paso. De repente, el muro se dividió dejando un espacio por el que abandonamos la estación para adentrarnos en el Archivo de Cartas.

En el Archivo se guarda toooodas las cartas a Papá Noel y los Reyes Magos

Violeta, la dueña de aquella voz dulce, se aproximó a nosotros desde el fondo de la sala, rodeada de estanterías que iban desde el suelo hasta el techo. Nos explicó que en aquellos archivadores se guardaban tooodas las cartas escritas por nuestros antepasados a Papá Noel y a los Reyes Magos y nos aseguró que las nuestras también serían guardadas allí.

Cuando Violeta empezó a entonar una canción,… ¡no podíamos creer lo que veían nuestros ojos! Los archivadores comenzaron a moverse, entrando y saliendo de las estanterías, al ritmo de la melodía. Al terminar, nos despedimos de ella y del Archivo y pasamos a la Sala de Escritura.

En el centro de la estancia había varias esferas mágicas dispuestas sobre sus correspondientes pedestales alineados. Eran de cristal y contenían una hipnótica luz en su interior, en forma de rayos violetas. Tanto nos atraía su luz que hasta que la señorita que se encontraba en la sala mencionó a las manos escribanas, no nos percatamos de su existencia. Salían por unos agujeros de la pared, sujetando elegantes plumas para escribir.

Esferas de rayos

Esta señorita, que portaba con elegancia una enorme pamela a juego con su vestido, pidió a los niños que pusieran sus manos sobre aquellas esferas, cerraran los ojos, y se concentraran en los juguetes y deseos que querían pedir. Gracias a aquellos rayos, los deseos fueron transmitidos hasta las manos escribanas, que comenzaron a moverse enérgicamente, escribiendo las peticiones infantiles con tinta mágica, invisible para los ojos humanos pero no para los élficos.

Las manos escribanas

Un par de minutos más tarde las manos pararon y, tras un breve silencio, las cartas, correctamente ensobradas, cayeron a las pequeñas bandejas inferiores que se encontraban debajo cada mano. A continuación la señorita de la gran pamela nos acompañó hasta la puerta, y se despidió de nosotros, que entramos en la siguiente sala.

La Nariz Maestra y sus preciados perfumes

Ante nosotros se encontraba la Nariz Maestra, un elfo poseedor de una capacidad extraordinaria para identificar olores. Nos enseñó los más especiales, aquellos que guardaba como tesoros en preciosos frascos perfectamente colocados en una estantería. De entre ellos, eligió uno que contenía la fragancia de lágrimas de sirena (lágrimas de reír, como rápidamente nos aclaró). Dispuso una gotita de esta fragancia en cada uno de los sobres que le acercaron los niños.

Las cartas perfumadas sobre la cinta transportadora

A continuación, siguiendo las instrucciones de la Nariz Maestra, cada uno colocó ordenadamente su carta perfumada sobre una cinta transportadora. La Nariz Mágica encendió la cinta, que se puso en movimiento llevándose las cartas.

Nos despedimos de la Nariz Maestra y cruzamos un oscuro túnel en cuyo final se dislumbraban unos abetos gigantes, enteramente decorados con diminutas luces blancas y bolas plateadas. Estábamos en el Bosque Mágico.

En el Bosque Mágico

Salieron a nuestro encuentro un par de elfos que ¡tenían nuestras cartas! Menos mal, porque nos dijeron que las cartas no llegarían a su destino si les faltaba el sello élfico que tenían en sus manos. Pasaron los sellos a los pequeños para que todos pudieran sellar su carta e introducirla en el gran buzón que estaba allí.

Buscando las cartas con el iluscopio

Un poquito más adelante se encontraban cuatro telescopios muy especiales llamados iluscopios. Estaban dispuestos en distintas alturas para que los niños de todas las edades y tamaños pudieran ver con sus propios ojos el viaje de las cartas que acababan de echar al buzón.

Salimos del Bosque Mágico y entramos en la última estancia, la de la Esfera de los deseos.

Al fondo de esta sala podíamos ver una bola de cristal tan inmensa que llegaba hasta el techo. Dentro de ella, había algo parecido a polvo de nieve, que volaba en su interior dando vueltas a la velocidad del viento. Macario, el elfo centenario, nos llevó hasta el gran elfo, que nos explicó que aquello era el polvo de los deseos que habían sido escritos en las cartas. Desde allí viajarían hasta Papá Noel y los Reyes Magos.

El gran elfo y su becario centenario

Para que también nuestros deseos se convirtieran en polvo y entraran en esa esfera de dimensiones increíbles debíamos soplar. Y eso hicimos. Soplamos fuerte, fuerte, muy fuerte hasta que nuestras cartas y las ilusiones que contenían se transformaron por arte de magia en polvo y viajaron así hasta Laponia y Oriente.

Para todos los que queráis disfrutar de esta experiencia mágica que te transportará a la ilusión de las navidades de nuestra infancia, no dudéis en acercaros al Departamento de Envíos Extraordinarios de Correos. ¡No os arrepentiréis!

https://www.departamentodeenviosextraordinarios.es/

PLANES CON PEQUES

Visita a la Casita Museo de Ratón Pérez (¡un lugar sor-pren-diente!)

               “Aquellos que no creen en la magia nunca la encontrarán”
                                                                                             Roald Dahl

Domingo por la mañana, calle Arenal portal número 8, muy cerquita de la Puerta del Sol. Allí estábamos los cuatro bajo un chirimiri en toda regla, dispuestos a conocer un lugar muy especial. No era para menos, íbamos a visitar la Casita Museo de Ratón Peréz. Sí, sí, el mismo que recoge los dientes de leche cuando se caen y, a cambio, deja un regalito bajo la almohada. Esto que os voy a contar ahora, seguro que os sorprenderá;  resulta que la residencia de la familia Pérez -formada por él mismo, su mujer y sus tres hijos (Elvira, Adelaida y Adolfo)- se hallaba ¡en una caja de galletas! Pero no penséis que era una caja de galletas normal y corriente, que va; para empezar, era de una marca específica, llamada Huntley. Y, además,  era mágica. “¿Por qué?”, os estaréis preguntando. Pues porque esta caja era pequeña por fuera y muy grande por dentro. La caja se encontraba en los sótanos de la confitería Prast, que -¿a ver si lo adivináis?- estaba en el número 8 de la calle Arenal,  justo donde nos encontrábamos en ese momento. 

Si os está picando la curiosidad y estáis pensando en ir a ver con vuestros propios ojos este lugar tan singular,  os adelanto que las visitas son guiadas, por lo que es conveniente que saquéis las entradas con antelación. Nosotros, buenos madrugadores de  fin de semana (¡ay!) llegamos pronto y tuvimos suerte porque conseguimos entradas para el turno siguiente. Para los que tenéis la suerte de no madrugar: http://www.casamuseoratonperez.es/  

Como faltaba casi una hora para la visita y con la lluvia no apetecía nada salir a la calle,  decidimos entrar en la diminuta tienda de la casita-museo. Allí encontramos una gran variedad de cosas interesantes. Pósters de la familia Pérez  al completo, una lámina con cuatro retratos de Ratón Pérez al más puro estilo Wharhol, distintos libros acerca de la historia del popular ratón, figuritas, imanes y monedas con su rostro, son sólo algunos de los objetos que encontramos allí. Entre todos ellos, me decanté por un libro: El diente de Buby. Se trata de una adapción y recreación en verso y en edición bilingüe español-inglés, del cuento del Padre Luis Coloma, Ratón Pérez, realizada por Juan Antonio Rojo Sanz (editorial Arenal 8 Factory).

Brevemente os contaré que Luis Coloma nació en 1851 en Jeréz de la Frontera. Era muy aficionado a las letras y tras estudiar Derecho en la Universidad de Sevilla, se hizo jesuita. Compaginó su trabajo como Consejero espiritual de la Corona con su labor como miembro de la Real Academia de la Lengua. Un buen día,  con motivo de la caída de un diente de leche  del rey niño Alfonso XIII, el Padre Coloma le escribió este cuento, en el que aúna un personaje de la tradición popular, el Ratón Pérez, con el personaje Buby I,  alter ego del rey niño.

Todavía  quedaban veinte minutos para el comienzo de nuestra visita, así que nos sentamos en las escaleras de la entrada y empezamos a leer la historia del ratoncito más famoso del mundo, que seguidamente paso a contaros .

Buby I era un rey niño al que una noche, mientras cenaba en su palacio, se le movió un diente. Tras consultar a los médicos reales, estos decidieron que lo más conveniente era extraer la pieza. De acuerdo con la tradición, la Reina Crisabel propuso, colocar el diente bajo la almohada y escribir una carta al Ratón Pérez. Así lo hizo el joven rey, que quiso montar guardia en su cama para conocerle. Finalmente el ratón apareció, se pusieron a hablar y se hicieron muy amigos. Cuando el ratoncito le dijo que se tenía que marchar Buby le pidió que le dejara acompañarle, así que Pérez utilizó su magia para transformar al joven rey ¡en un ratón! De esta manera pudieron salir del palacio y llegar hasta su casita. Allí le presentó a su esposa y a sus dos hijas, Adelaida y Elvira,  y a su hijo, Adolfito.

Como el Ratón Pérez tenía que recoger varios dientes esa noche, Buby y él se pusieron en marcha. La primera  vivienda, en la calle Jacometrezzo 64, era una buhardilla muy pobre donde dormía un niño llamado Gilito con su madre. Buby quedó impresionado al ver aquella humilde habitación. Rápidamente, el ratón cogió el diente y lo guardó en su perae (una bolsita de terciopelo rojo) dejando una moneda en su lugar. En ese instante, Buby se despertó con un beso de su madre, la Reina Crisabel. Aturdido por el sueño, miró debajo de la almohada y encontró un cofre con una moneda en su interior. Más adelante, cuando le tocó reinar, se acordó de aquel niño  y gobernó para que a nadie le faltase lo  fundamental.

Terminamos la historia justo a tiempo pues la visita iba a empezar. ¡Teníamos unas ganas enormes de conocer, por fin, esa casita mágica! Entramos en la primera sala o Sala Pirámide, llamada así por la maqueta piramidal colocada en el centro. La guía de la visita nos contó aquí quién era el Rey Alfonso XIII y, nos presentó al Ratón Pérez y a los miembros de su familia, que veíamos retratados en un gran cuadro. En esta sala se encuentra, además, el diente del rey, algunos de sus juguetes y la carta que le escribió al ratoncito. En un rincón está el “túnel de partículas” que convierte en diminutas criaturas a los valientes niños que se atreven a atravesarlo gateando. De esta forma, pasamos a la segunda sala. (Los adultos no tuvimos la suerte de experimentar este túnel y entramos por una puerta acortinada, que no está mal, pero no es lo mismo). 

Esta sala es la más pequeña, de ahí la necesidad de reducir el tamaño de los niños para que todos quepamos en su interior. Se trata del despacho de Pérez, cuyas paredes están llenas de libros ordenadamente dispuestos en estanterías que se van desde el suelo hasta el techo. En un rincón, junto a un sillón, descansa un original tablero de ajedrez (juego del que nuestro amigo es muy fan ) mientras, en una esquina,  una reproducción del sistema solar cuelga del techo (a nuestro amigo le entusiasma la astronomía). En una de las paredes vemos un mapamundi muy curioso que lleva por título Factoría Ratonil Pérez y muestra las sucursales que tiene Pérez repartidas por los distintos continentes.  Este mapa ayuda a entender una de las cuestiones que unos meses atrás me planteó Darío, mi hijo mayor.

Este verano, el último día de nuestras vacaciones en la playa y cuando se cumplía un mes de su sexto cumpleaños, a Darío se le cayó el primer diente de leche. El pobre, estaba preocupado pensando en cómo avisar al ratoncito de que no estábamos en nuestra casa y en cómo darle la nueva dirección. Le dijimos que no se preocupara por eso ya que el Ratón Pérez es un excelente profesional, con muchos años de experiencia a sus espaldas y capaz de resolver  este tipo de imprevistos. Además, tal y como mostraba el mapa, cuenta con una amplia red de corresponsales repartidos por el mundo.  A modo de ejemplo, entre ellos están Tooth Fairy (en los países anglosajones), la Petite Souris (Francia), Fatina Dentina (Italia) y Ratai-Ch (para Asia oriental). Con ayuda o sin ella, el preciado diente sería recogido a cambio de un detallito, tal y como finalmente ocurrió. 

Dejamos el despacho de Pérez y pasamos a la última sala en cuyo centro se encuentra una estupenda maqueta que reproduce, con todo lujo de detalles, la casa de la familia Pérez. A su alrededor se pueden ver algunas curiosidades como una figura de Buby I a tamaño real, el rincón de los dientes “ilustres”, el buzón del Ratón Pérez y la salita donde diariamente lee las cartas que recibe. Tal vez lo más memorable de esta estancia, al menos para los pequeños (que son quienes pueden acceder a él), sea el túnel “privado”. Los mayores no tenemos permitida la entrada y mis peques tampoco me contaron mucho, pero desde fuera escuchamos  los gritos de sorpresa de los que estaban en su interior.

Volvíamos a casa con nuestro libro bajo el brazo, felices por la visita y por haber conocido de primera mano la historia del ratón más popular del planeta cuando, de repente, a Darío le surgió una duda. Mirándome con los dos luceros castaños que tiene por ojos y con gesto concentrado, me preguntó : “¿Mamá, ¿qué hace el Ratón Pérez con los dientes?” A mi rescate vino el amigo Ende y le respondí: “Eso es otra historia y deber ser contada en otro momento”… Tal vez, cuando llegásemos a casa y pudiéramos echar mano de otro libro… 

Cartas al Ratón Pérez, de Antonia Ródenas (Editorial Anaya).