OIDO COCINA

Barritas de avena contra el Blue…

Llevaba tiempo sin publicar una receta y no ha sido por falta de ganas. He estado esperando a que remitieran los efectos de las comilonas navideñas y a que pasaran los días posteriores de arrepentimiento y ayuno, para “limpiar” algo el organismo o, al menos, el estómago. Después de esto llegó el Blue Monday (y Tuesday, etc.) y, con él, según la llaman, la depre azul. Depre por la visión lejana de las próximas vacaciones (anda que no queda para agosto…) y por la sensación de fracaso al “pinchar” en alguno de nuestros propósitos del recién estrenado año (o por no haber empezado aún, que ya casi tenemos un pie en febrero).

Tranquilos todos, no desesperemos. Lo que hay que hacer es ponerse manos a la obra con uno de esos propósitos, el que menos te cueste o el que más rabia te dé. Y para eso hace falta ilusión y energía. Sí, esta es muy importante, más de lo que parece. Anda que no he abandonado yo ideas por falta de combustible vital. Algunos truquillos para reactivarse: salir a caminar a paso ligero, a nadar, montar en bici o jugar con los peques, si tienes alguno a mano.

Peeero, para esos momentos en los que no sabes a qué recurrir y necesitas energía con urgencia o para cuando quieras premiarte por haber realizado el primer paso para alcanzar tu objetivo, aquí va una receta que lo tiene TODO, porque:

  • Está riquísima
  • Te aporta energía saludable
  • Es superfácil y rápida de hacer
  • Para llevar y comer en cualquier sitio
  • Altamente “customizable”, la puedes personalizar como te apetezca.


Tachán, tachán, he aquí las ¡barritas energéticas de avena y… lo que le eches! Sí, sí, lo que le eches. Porque si bien la receta parte de una base de copos de avena (mejor integrales) ligeramente triturados, el resto queda a tu imaginación y a tus papilas gustativas. Cuidado si navegas por internet en busca de inspiración pues corres el riesgo de acabar engullido por un remolino de recetas del que no salgas sano y salvo (confiemos en que alguien vaya a tu rescate). Para evitar que eso te ocurra y que al final acabes colapsado entre tanto ingrediente y “vídeo fácil”, voy a darte unos tips que te evitarán naufragar en el inmenso océano que es la red.

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No te hundas navegando en internet...

Digo truquis porque esta no es una receta estándar sino que en función de lo que tenga en la cocina y de lo que me apetezca, así hago las barritas (por eso son únicas cada vez).

Empecemos.

Tomamos entre 120 y 140 gramos de copos de avena, los trituramos (ojo, no pulverices, que te veo) y reservamos. A continuación hacemos lo mismo con los frutos secos (almendras, nueces, avellanas, cacahuetes o pistachos, tú eliges) y/o semillas (sésamo, calabaza, girasol, amapola, chía). Si te gustan las pasas, puedes poner un puñado en agua durante unos minutos para que se hidraten.

Ahora vamos con el resto de ingredientes. Necesitaremos un ingrediente graso y otro dulce. Para el primero, por su olor me gusta utilizar el aceite de coco y, en su defecto, mantequilla o margarina de soja; para el segundo recurro al azúcar de coco y, si no tengo, a la panela o al sirope de caramelo o vainilla.

En 10 minutos las tendrás…

Lo que sí te recomiendo es que derritas un poco de aceite de coco en una sartén y saltees los frutos secos. En seguida empezarás a notar el delicioso olor que desprenden y entonces toca añadir el resto del aceite y bajar a fuego lento. Si no quieres hacerlas sólo con aceite, después de saltear sustitúyelo por mantequilla/margarina.

Cuando quiero darle un sabor a chocolate, añado un par de cucharadas de crema de algarroba (parece Nocilla pero sin choco) que le da un toque delicioso. Si lo que te gusta es la crema de cacahuete, este es tu momento (pero recuerda que estas son optativas). Mezcla la crema con los frutos secos y añade un poco de azúcar y, si te apetece, espolvorea una pizca de canela. Como ya sabéis que el coco me rechifla, añado unas cucharadas de coco rallado. A continuación, echamos unas cucharadas de miel, maple (jarabe de arce) o sirope de ágave (me han contado que el de dátiles es muy sano y endulza un montón). Cuando tengas una masa uniforme, retira del fuego.

Para finalizar, añade los copos de avena (aquellos que trituramos al principio). Si os gustan los cereales tipo corn flakes (maíz) o crispies (arroz inflado) los podéis incorporar ahora pero teniendo cuidado con la proporción entre el total de cereales y el resto de ingredientes. También podéis aprovechar para echar un poco de quinoa, pasas, arándanos o perlas de chocolate. Remueve.

Vierte toda la mezcla sobre una bandeja previamente cubierta con papel de hornear y aplastamos con una espátula para que quede repartida de forma homogénea y con una altura aproximada de 3 centímetros. Con un cuchillo corta las barritas del tamaño que quieras y déjalas enfriar antes de cubrir y meter en la nevera para que se endurezcan.

¿Te atreves a probar?

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OIDO COCINA

COCO COOKIES CON CHOCO CHIPS

(O cómo endulzarte la vida de la forma más sana posible).

Ya estamos a lunes y en invierno, entre el mal tiempo y tantas horas de oscuridad, empezar la semana resulta todavía menos apetecible. Pero no os preocupéis porque en la vida suele haber remedio para todo y ahora, en los tiempos de internet y Mr. Google, es más fácil que nunca encontrar apaño para nuestros males.

En mi caso, una de las cosas que me hace más liviano el momento de salir de la cama es pensar en el desayuno, siempre y cuando éste sea motivador, claro. Si va  consistir en la tostada de siempre o unas galletitas, va hacer falta que mis dos peques me incordien con esmero si quieren que abandone mi edredón por tan triste alimento. Y que conste que yo no soy precisamente una sibarita gastronómica ni mis desayunos diarios son instagrameables, pero si puedo sacar veinte minutillos al día para preparar algo sano y delicioso (y muy fácil, fundalmental esto) pues lo hago.

Primero os voy a contar cómo hice el domingo por la noche las cookies que veis en la foto superior . En este caso, mi motivación era que los peques no se llevaran como snack para el recreo algo de repostería industrial. Así que después de la cena y con los angelitos en brazos de Morfeo, entré en la cocina decidida a conseguirlo en el menor tiempo posible. Abrí el armario, saqué el paquete de copos de avena y trituré unos 120 gramos. Tampoco hay que dejarlos como si fuera queso en polvo para los macarrones, simplemente triturarlos unos segundos, al gusto del consumidor. Los pasé a un cuenco y puse el horno a precalentar a 180ºC.

A continuación eché en el vaso del robot un huevo y aproximadamente 75 gramos de azúcar de coco. En otras ocasiones he utilizado panela pero esta vez me dio por innovar ya que en casa el coco nos encanta  y he leído que es más sana que la de caña. Añadí un chorro de vainilla líquida (también puede ser en polvo o esencia) y 75 gramos de aceite de coco. Puedes utilizar de girasol sin problema; yo incluso he llegado a utilizar mantequilla o margarina cuando me he visto sin aceite pero he evitado el de oliva porque este sí que modifica el sabor final y en repostería no me gusta. Para terminar, incorporé 50 gramos de harina de avena (puedes utilizar otra si prefieres), los copos triturados y una pizca de bicarbonato. Una vez que está todo bien mezclado tiene que quedar una masa húmeda y granulosa.

Para finalizar, cogí la bandeja del horno (no te olvides de sacarla antes de encenderlo) y cubrí la superficie con papel de aluminio. Con la brocha de silicona y aceite de girasol la barnicé ligeramente  para que las cookies no se quedaran pegadas y con ayuda de una cuchara, fui sacando la masa en pequeñas cantidades a las que iba dando forma de bolita con las manos.  Os aviso de que con las cantidades anteriores no os saldrán muchas unidades, unas nueve o diez. Tampoco preparéis demasiada masa porque luego tendréis que hacer dos turnos de horno al no poder meter todas las bolitas a la vez en la  bandeja y si no os las coméis en pocos días, se endurecerán.

El tiempo de horneado es de  10-12 minutos (ya sabéis que cada horno es diferente y esto no es una ciencia exacta). Cuando sale palillo limpio, lo apagáis y sacáis con cuidado la bandeja. Las galletas se despegarán sin problema del papel. Yo esperé unos minutos para que se enfriaran mientras las decoraba con chips de chocolate blanco, porque eran los que tenía en ese momento, y las guardé en un tupper de crital. De esta forma conservan su humedad natural y al día siguiente no están duras. No os podéis imaginar cómo olía la cocina… Y con ese aroma en mi nariz me fui a dormir, deseando despertarme al día siguiente para hincarle el diente a una de esas joyas de avena y coco…

Aquí os dejola foto de unas cookies que hice en otra ocasión, mezclando harina de avena y de algarroba, con panela, mantequilla, nueces y chips de chocolate negro. Como veis, podéis usar vuestra imaginación y conseguir distintos resultados en función de los gustos de vuestro paladar. Las posibilidades son infinitas: coco rallado, cacao puro, avellanas, pasas, arándanos, esencia de limón,…

OIDO COCINA

PUDIN DE MANGO con lima y semillas de chía

postre de mango y lima

Queridos cocinilllas principiantes:

Hoy tengo una receta para vosotr@s que os va a encantar porque lo tiene todo. Es fácil, rápida (¡ni 10 minutos de preparación!), sana y deliciosa. Es rica en betacaroteno (gracias al mango) y en proteínas (por las semillas de chía). Además, por sus ingredientes, esta receta se incluye en el grupo de las détox, ya que nos ayuda a limpiar nuestro organismo –lo que nos vendrá bien para las fiestas que se aproximan-. Puede tomarse tanto de desayuno como de merienda.

Y sin más preámbulos, damos paso, tachán, tachán… al…
PUDIN DE MANGO CON LIMA Y SEMILLAS DE CHÍA

Lo único que tenéis que hacer es pelar y deshuesar el mango. O al revés, sí, sí; primero lo partes por la mitad y extraes el hueso, y luego realizas unos cortes longitudinales y transversales sobre la carne del mango para darle la vuelta a la piel y arrancar los cuadrados de fruta pegados a la piel. Lo echas al vaso de la batidora, trituradora o robot de cocina que uses y añades:

• el zumo de ½ lima (le da un sabor y un olor absolutamente irresistibles)
• un poco de vainilla en polvo o líquida (yo la tengo de Hacendado)
• un chorrito de ágave (opcional) para endulzarlo a tu gusto.

Lo trituras todo hasta que lo veas perfecto, sin grumos ni pulpa del mango (a estas alturas, te estoy viendo relamer la cuchara, :-)). Pasa la mezcla a un recipiente y añades las semillas de chía en la siguiente proporción (para 4-6 personas, 600 gr de mango y 30 gr de semillas). Estas semillas, en contacto con el líquido, formarán una especie de gelatina (mucílago). Remueve con una cuchara.

Lo cubres bien y metes en la nevera al menos 2 horas. Sírvelo muy frío. Como sugerencia de presentación puedes verter la mezcla en vasos (como hice yo) o en pequeños frascos de cristal, como los de los yogures (por si guardas alguno en la cocina). En las tiendas –tipo Zara Home, Casa- que venden cosas para el hogar también hay recipientes la mar de vistosos.

Ojalá todos los alimentos sanos estuviesen tan ricos. Anímate a probarlo y me lo cuentas.

OIDO COCINA

MINI MUFFINS DE AVENA Y ALGARROBA

muffins

Para aquellos que tenemos nivel de principiante en la cocina, lo mejor es empezar por recetas sencillas y resultonas. Si tienes niños, alguna celebración familiar o simplemente eres golos@ y quieres cuidar lo que coméis en casa (o en el trabajo y en el cole, ¡que también te las puedes llevar!), esta receta hará las delicias de los que le hinquen el diente. No lleva frutos secos ni gluten (intento evitar el harina de trigo en las recetas caseras), y se puede elaborar suprimiendo los lácteos y el huevo.

Necesitarás harina de avena, harina de algarroba, coco rallado, panela, huevos, mantequilla o margarina de soja, leche vegetal (en casa tenemos de soja y de avena), vainilla (en polo o líquida), levadura para repostería, pepitas de chocolate y aceite de girasol y bicarbonato. Afortunadamente todos estos ingredientes ya se encuentran en la mayoría de los supermercados. Por supuesto necesitaremos unos moldes para magdalenas (yo utilizo los de papel).

A continuación indico los pasos y las cantidades aproximadas, pues depende del gusto de cada uno, más o menos dulce o con más o menos sabor “achocolatado” o a coco.

El pistoletazo de salida lo damos precalentando el horno a 180ºC (con unos 10 minutos es suficiente).

Comenzamos echando unos 90-100 gr. de panela (o azúcar moreno de caña) en tu robot de cocina o en el vaso de tu batidora (ten cuidado de que el vaso sea lo suficientemente grande). Hace tiempo quedó desterrado el azúcar blanco de nuestra cocina. También se puede emplear azúcar de coco, pero yo no lo he probado todavía. Añadimos un huevo (puedes eliminarlo o usar dos) y batimos.

Seguidamente incorporamos entre 30-40 gramos de mantequilla (en caso de alergia a la PLV o si quieres evitar las grasas de origen animal puedes utilizar margarina, de soja o la tradicional). Es recomendable sacarla antes de la nevera para evitar que esté dura y se pegue a la batidora. Añadimos también unas cucharadas de coco rallado (unos 30 gr. aprox.) y una pizca de bicarbonato (esto me tiene intrigada, buscaré en internet en qué cambia este detalle la receta) y la vainilla al gusto (tengo un frasco de vainilla líquida que compré en Mercadona pero también venden botecitos con concentrado de aroma de vainilla o vainilla en vaina).

Una vez que lo tenemos todo bien batido, pasamos a las harinas: unos 75 gr. de avena y unos 25 de algarroba. La algarroba ha supuesto todo un descubrimiento para mí por resultar un perfecto sustituto del chocolate (mis hijos no notan la diferencia y a los adultos nos encanta). Además, con poca cantidad se consigue un tono muy oscuro y un sabor intenso. Para finalizar, echamos medio sobre de levadura en polvo. Batimos y comprobamos la dulzura de la mezcla (ahora es el momento de echar más panela si hace falta), y la textura o consistencia para evitar que quede demasiado sólido o líquido.

Si está demasiado sólido, luego no subirán bien y a la hora de comer resultará muy “mazacote” o “ladrillo”. En este caso, se arregla con leche (como Oli tiene intolerancia a la proteína de la leche de vaca, uso vegetal). Le añadimos un chorro de la que tengamos (avena, soja o soja con sabor a vainilla), batimos y comprobamos de nuevo. Si por el contrario ha quedado demasiado líquido, tendremos que echar más harina, bien de avena o de algarroba, en función de si queremos un resultado más o menos oscuro y “achocolatado”.

Ya estamos en la recta final. Sólo queda añadir alguna “sorpresa” a la masa. En esta ocasión incorporé unas pepitas de chocolate (con moderación) pero si no hay alergias, se pueden echar nueces, avellanas u otros frutos secos, o incluso arándanos o lo que os guste.

Vertemos la masa en cada molde hasta la mitad para que al subir no se sobrepase. Yo (novata) llené los moldes primero y luego lo pasé mal para pasarlos a la bandeja del horno. Por eso os recomiendo encarecidamente dos cosas: 1) que saquéis la bandeja antes de poner el horno a precalentar (menos mal que esto no se me olvidó) y 2) que pongáis los moldes en la bandeja antes de rellenarlos (aunque todo tiene arreglo, “¿Para qué sufrir?”, clamaba Emma Thompson -interpretando a Beatriz- en Mucho ruido y pocas nueces).

Metéis el tesoro en el horno (a la altura de la mitad) a 180º C y esperáis entre 20 y 30 minutos a que se cuezan. Si algo he aprendido es que no todos los hornos calientan igual aunque la temperatura que indiques sea la misma (curioso, lo sé). Por eso, para evitar un susto final, es buena idea ponernos alguna alarma y, a partir de los 20 minutos, comprobar que un palillo largo sale limpio cuando pinchamos en el centro de un par de muffins. Cuando esto ocurra, ¡ya están listas! Podéis dejar el horno cerrado unos minutos pero no esperéis a que se enfríe con las muffins (o lo que sea dentro) porque se cocerán de más y luego quedarán duras. Las sacáis, dejáis que se enfríen y la guardáis; yo las conservo en un tupper, en un frasco de cristal o bien en bolsitas de plástico para alimentos y, si me las voy a llevar, las envuelvo en papel de aluminio.

¡Feliz desayuno, merienda o tentempié!