MATERNIDAD, REFLEXIONES

Para gustos, arcoiris


– ¡Vamos, chicos! ¡A la mesa! –exclamo entrando en el salón con paso decidido . Si no empezamos con las cartas, no las acabaremos nunca.

Como era de esperar, los niños, sentados en el sofá con los ojos clavados en la pantalla de la tele, no se han inmutado lo más mínimo así que me pongo entre ellos y el aparato, me agacho a la altura de sus cabezas y repito en voz alta:
– ¿Me habéis oído? Os estoy hablando a vosotros .
– ¿Qué, Mami? –pregunta Darío sin pestañear.
– ¿Cómo que qué? Lo repito por tercera y última vez –digo con tono firme . O escribimos las cartas o no habrá regalos, ¿lo entendéis? ¿Oli? –pregunto acercándome un poco más a él. –Esta tarea es para los dos.

En vista de que mis palabras no producen el efecto deseado, de dos zancadas me planto junto a la caja tonta y la apago. Me adelanto a sus protestas y, antes de que abran la boca para quejarse, les prometo que “va a ser divertido”. A diferencia de otras ocasiones, esta vez no tienen escapatoria así que, a cámara lenta, se acercan a la mesa refunfuñando.

– Yo no quiero escribir la carta protesta Darío-. Son magos, ya saben lo que quiero sin que se lo diga.
– Bueno, hay muchos niños en el mundo. Ellos valoran el esfuerzo de cada uno y que les faciliten el trabajo. Es una tarea muy dura la que tienen por delante –explico de la manera más convincente posible.
– Pero Oli no sabe escribir. ¿Cómo va a hacer la carta?
– Ya lo he pensado. Yo voy a recortar las fotos del catálogo y él las pegará en su papel. Así los Reyes no se equivocarán.
– ¡Qué bien, Mami! ¡Yo quiero! –grita el peque cogiendo las tijeras infantiles en una mano y la revista de juguetes en la otra.
– Pues yo también quiero recortar –se queja Darío.
– Qué acabo de decir hace un momento? Los Reyes Magos valoran el esfuerzo de cada niño. Si tú, con seis años y sabiendo escribir, sólo recortas y pegas unas fotos, sabrán que no has hecho todo lo que puedes y no serán generosos.
– ¿Y tú no vas a escribir la tuya? -contraataca.
– Sí, pero ahora quiero ayudaros. ¿Nos ponemos manos a la obra o dejamos que pase otro día más sin hacer nada? Sólo faltan dos semanas y necesitan tiempo para prepararlo todo.
– ¡Vamos a hacerla, Mami! –responde el pequeño con entusiasmo. A ver,… yo quiero,… –murmura mirando atentamente una página.
– Muy bien, Oli. ¡Así me gusta! -animo yo mientras cojo un par de folios y los doblo por la mitad. Mirad, esta es la carátula. Tenemos que decorarla para que la carta quede bonita y destaque entre todas las de la saca. Y para conseguirlo podemos usar todo esto: pegatinas que brillan, pegamento con purpurina, sellos con tintas de distintos colores, gomets,… –enumero mientras coloco el material sobre la mesa.

Por el momento no hacen mucho caso a mi modesto despliegue. Están absortos, escudriñando las imágenes de sus respectivos catálogos, a la caza del juguete deseado. Darío, todavía enfadado, pasa veloz las páginas sin encontrar el apartado dedicado a los Legos. De repente, para, señala con el dedo a su “víctima” y levanta la vista, gritando:
– Yo quiero éste, el lego de policías en la montaña. ¡Me lo pido!
– ¿Estás seguro? Antes de escribirlo en la lista mira el resto, a ver si hay otro que te guste más.
– Éste es el que más me gusta –replica mientras coloca sobre la foto una pegatina redonda de color naranja, marcando así su presa.
– ¿Y tú, Oli? ¿Qué quieres pedir? A ti te gusta mucho la música, las luces, los mandos con botones,…
– Sí, quiero “pretar” botones –afirma con seguridad.
– …Y las pantallas. A ver en esta página qué encontramos.
– ¡Este, esteee! –exclama de sopetón, apretando su dedito con fuerza en el papel.
– ¿Qué es? Déjame que lo vea… ¡un tablet!
– Sí, sí, yo lo quiero. ¡Es de sumas!

Debajo del dedito veo la pequeña imagen de dos tablets infantiles; en realidad son el mismo modelo, en sus versiones rosa y azul. Sus propiedades son idénticas, pero en la foto, la pantalla del azul muestra una palabra mientras en la del rosa se ve una suma.

Preparando las cartas a los Reyes Magos


– Muy bien, Oli. Ahora recorto el azul y lo pegas en la carta.
– ¡Nooo!
– ¿Pero, no quieres el tablet? –pregunto sin comprender.
– El azul no, Mami. Quiero el rosa responde el peque.

En ese momento Daddy llega del trabajo y entra en el salón.

– Hooola, ¿cómo fue el día? –saluda acercándose a la mesa.
– Hola, Daddy –contesta Darío. –Estamos preparando las cartas a los Reyes Magos. Mira la mía. Me he pedido un Lego y también quiero esta caja de juegos de magia –comenta todo ilusionado mostrándole el catálogo.
– ¡Genial! Tiene muy buena pinta -comenta Daddy leyendo la descripción del juguete.
– ¡Y yo un tablet de sumas! –interviene Oli.
– Es una idea estu…
– ¡El rosa! exclama Oli interrumpiendo a Daddy, cuyas cejas se arquean en un gesto de sorpresa.
– ¿Rosa? ¿Por qué?
– Porque sí.
– ¿No lo prefieres azul?
– No, rosa.

Daddy y yo nos miramos. Darío sigue enfrascado recortando, pegando y escribiendo el nombre de cada juguete debajo de su foto. Parece que no se está enterando de la conversación pero, a la vista de su intervención, no se ha perdido detalle.

– Oli, ¿te gusta el rosa por las sumas? El azul también hace sumas; los dos hacen lo mismo aunque sean de distintos colores.
– Pero yo quiero el rosa –reitera, con toda su asertividad, el que cumplirá cuatro años el mismo día de Reyes . Me gusta el rosa, como a ti, Mami. ¿A que a ti también te gusta? –pregunta girando hacia mí su carita enmarcada por rizos dorados.

En menudo bosque nos estamos metiendo –pienso yo . A ver ahora cómo salgo de ésta. Con la cantidad de cartulinas, corazones y dibujos varios en rosa que me ha regalado y que yo le he agradecido hasta el infinito y más allá. Están por toda la casa: pegados en espejos, en puertas de armarios, sobre la mesilla,… hasta en la oficina. Porque a otra cosa no, pero a detallista y cariñoso, no hay quien le gane. Y si encima pone esos ojitos…

– Sí, cielo, claro que me gusta. Pero más para los dibujos que para los tablets –le digo en un intento de encajar cada pieza en su sitio.
– Pues a mí me gusta también para tablets.

En ese momento, con las tijeras en una mano y el catálogo en la otra, no sé muy bien por qué tablet decidirme así que recorto los dos y se los paso a Oli, que los pega con resolución en su carta.

– ¿Estás seguro, Oli? –pregunta Daddy en un último intento. A lo mejor los Reyes lo traen azul porque los rosas se lo darán primero a las niñas y si queda alguno, te lo darán ti.

Esta sí que es buena. Creo que mis ojos doblan ahora su tamaño habitual y apuntan a la cara de Oli, esperando su reacción. El pequeño frunce el ceño como si nunca hubiese escuchado una contrariedad semejante (y probablemente, así sea). O, bueno, pone la cara de un niño de “tres-años-casi-cuatro” que no entiende las cosas que dicen los locos mayores que le rodean. Se queda pensando su respuesta pero esta vez, se ha quedado sin palabras.

– Bueno, Oli, ¿qué otro juguete quieres? Puedes pedir algo más. Mira estas pizarras estupendas para aprender a dibujar –le sugiero.

– A ver, a ver, ¡quiero verlas! dice quitándome el catálogo y olvidándose del tablet.

Al menos hemos salido del bucle. Lo malo de insistir en una conversación con un niño es que al final cada parte se enfrasca en su discurso y se olvida de razonar. De eso, precisamente, me estaba dando cuenta: de que defender el color de un tablet infantil en función del sexo de su destinatario carece de fundamento lógico. Por eso Daddy y yo no éramos capaces de dar una explicación convincente a los niños, ni a nosotros mismos.

Fue así como aquel día comprobé que lo que teníamos era otra cosa, llamada prejuicio. Es curioso descubrir y comprobar que tienes uno cuya existencia desconocías. Sí, yo que siempre he pensado que es una tontería/cursilada que las niñas tengan todo rosa y los niños, azul, me percato, a estas alturas de la vida, de que nunca he comprado algo rosa para mis hijos u otro niño. Tal vez por este motivo, me chocaría mucho ver a Oli de acá para allá con un tablet fucsia o de tono chicle de fresa. Y todo esto sin entrar en lo que podrían pensar algunas personas de nuestro círculo cercano. Seguramente creerían que se trataba de un error que se podría subsanar en la tienda.

Dejamos pasar unos días sin tocar el tema. Cuando volvimos a preguntarle sobre sus preferencias, su predilección por el color rosa se había esfumado. Oli se decidió finalmente por el azul (después de haber querido uno naranja, al día siguiente, uno verde…). Pero estoy segura de que si Oli no hubiese cambiado de opinión,… (y porque:

  • El rosa es sólo un color más del arcoiris
  • No hay colores buenos ni malos y tampoco hay colores de niñas o de niños
  • Hubiese sido su elección
  • Y nosotros no podríamos verle triste por una razón ficticia y errónea),

…los Reyes Magos le habrían traído un tablet ROSA.

MATERNIDAD

No soy una superwoman

Esta mañana me he despertado con una grata sorpresa. Una amiga mía me citaba en respuesta a la pregunta de una madre que, a través de un grupo de Facebook, solicitaba la ayuda de algún bruj@ para poder hacer todo lo que normalmente se (auto)exige una madre en 24 horas y no morir en el intento. Esto me ha hecho reflexionar y compartir lo que yo pienso al respecto, según mi experiencia con dos hijos y seis años de maternidad.

Más quisiera yo tener la fórmula mágica… Los milagros existen, pero son de otro tipo. Se producen cada día y muchas veces los damos por sentado y no los valoramos lo suficiente. Entre ellos está lograr un embarazo, tener un parto sin problemas, ver crecer a nuestros hijos… En lo que no creo es en la idea de “superwoman”, aquella que lo mismo es madre, esposa y ama de casa perfecta que excelente profesional y además siempre tiene energía, sonríe y nunca se queja de nada. Eso, de verdad, creo que no existe. Y no porque las mujeres seamos incapaces de ello sino porque ningún ser humano es inagotable ni puede estar en cuerpo y alma en dos sitios a la vez.

Mi consejo para todos los que tiene hijos es que intenten encontrar la mejor manera de disfrutarlos en lugar de sufrirlos. Cada familia tiene la suya y su forma de alcanzar el equilibrio -que no siempre está en el punto medio (50% vida fuera de casa, 50% vida familiar)-. Después de todo, lo que nuestros hij@s se van a llevar de nosotros es todo el tiempo que hayamos podido pasar con ellos, las experiencias que hayamos compartido, lo que les hayamos enseñado o transmitido. Del resto no se acordarán. Y nosotros tampoco.

Pero todo esto, no es más que una opinión personal basada en mi experiencia. Los padres y, muy en especial las madres, tienen que escuchar con la mente abierta y no creer o seguir a pies juntillas todo aquello que les dicen los demás, tanto profesionales como familiares y amigos. Esto es algo que he aprendido con el tiempo y que alguna amiga me dijo en su momento.

Suerte a tod@s y mucho ánimo! Nadie dijo que fuera fácil (y es especialmente difícil cuando lo hacemos bien…)😘familia durmiendo