PLANES CON PEQUES

El viaje de nuestros deseos

“Esto me recuerda al principio de Alicia en el País de las Maravillas”, pensé mientras descendíamos por aquella empinada escalera subterránea. Por fin, habíamos conseguido llegar hasta allí. Después de una espera de casi cien minutos en aquel frío y un tanto desangelado lugar, en el que se fundían todas las tonalidades posibles de gris (desde el cemento del suelo hasta plomizo del cielo pasando por las fachadas de los edificios), las puertas del lugar donde comienza la magia de la Navidad se abrieron para nosotros (nueve niños y once adultos).

Aquí comenzaba nuestra mágica aventura

Después de muchos escalones llegamos a un ancho pasillo donde un elfo, vestido con el uniforme de empleado de estación, nos estaba esperando. Cuando nos vio pegó un brinco, descorrió un enorme cortinaje y nos dio la bienvenida a aquel mágico lugar: el Departamento de Envíos Extraordinarios de Correos. Concretamente, a la estación de tren, punto de origen de esta mágica aventura.

El Jefe del Departamento salió a recibirnos e indicó a los niños que se dieran las manos para formar una cadena frente a la taquilla, donde el primer elfo se había metido. En cuestión de segundos ya estaba hecha. Entonces, la pequeña que encabezaba la fila debía posar su manita sobre una pantalla. Al instante se iluminó el mensaje “Niño/a bueno/a”. Perfecto, primera prueba superada.

El Jefe del Departamento nos guió hasta una pared de ladrillo, la golpeó con los nudillos y escuchamos una alegre voz femenina que nos autorizó el paso. De repente, el muro se dividió dejando un espacio por el que abandonamos la estación para adentrarnos en el Archivo de Cartas.

En el Archivo se guarda toooodas las cartas a Papá Noel y los Reyes Magos

Violeta, la dueña de aquella voz dulce, se aproximó a nosotros desde el fondo de la sala, rodeada de estanterías que iban desde el suelo hasta el techo. Nos explicó que en aquellos archivadores se guardaban tooodas las cartas escritas por nuestros antepasados a Papá Noel y a los Reyes Magos y nos aseguró que las nuestras también serían guardadas allí.

Cuando Violeta empezó a entonar una canción,… ¡no podíamos creer lo que veían nuestros ojos! Los archivadores comenzaron a moverse, entrando y saliendo de las estanterías, al ritmo de la melodía. Al terminar, nos despedimos de ella y del Archivo y pasamos a la Sala de Escritura.

En el centro de la estancia había varias esferas mágicas dispuestas sobre sus correspondientes pedestales alineados. Eran de cristal y contenían una hipnótica luz en su interior, en forma de rayos violetas. Tanto nos atraía su luz que hasta que la señorita que se encontraba en la sala mencionó a las manos escribanas, no nos percatamos de su existencia. Salían por unos agujeros de la pared, sujetando elegantes plumas para escribir.

Esferas de rayos

Esta señorita, que portaba con elegancia una enorme pamela a juego con su vestido, pidió a los niños que pusieran sus manos sobre aquellas esferas, cerraran los ojos, y se concentraran en los juguetes y deseos que querían pedir. Gracias a aquellos rayos, los deseos fueron transmitidos hasta las manos escribanas, que comenzaron a moverse enérgicamente, escribiendo las peticiones infantiles con tinta mágica, invisible para los ojos humanos pero no para los élficos.

Las manos escribanas

Un par de minutos más tarde las manos pararon y, tras un breve silencio, las cartas, correctamente ensobradas, cayeron a las pequeñas bandejas inferiores que se encontraban debajo cada mano. A continuación la señorita de la gran pamela nos acompañó hasta la puerta, y se despidió de nosotros, que entramos en la siguiente sala.

La Nariz Maestra y sus preciados perfumes

Ante nosotros se encontraba la Nariz Maestra, un elfo poseedor de una capacidad extraordinaria para identificar olores. Nos enseñó los más especiales, aquellos que guardaba como tesoros en preciosos frascos perfectamente colocados en una estantería. De entre ellos, eligió uno que contenía la fragancia de lágrimas de sirena (lágrimas de reír, como rápidamente nos aclaró). Dispuso una gotita de esta fragancia en cada uno de los sobres que le acercaron los niños.

Las cartas perfumadas sobre la cinta transportadora

A continuación, siguiendo las instrucciones de la Nariz Maestra, cada uno colocó ordenadamente su carta perfumada sobre una cinta transportadora. La Nariz Mágica encendió la cinta, que se puso en movimiento llevándose las cartas.

Nos despedimos de la Nariz Maestra y cruzamos un oscuro túnel en cuyo final se dislumbraban unos abetos gigantes, enteramente decorados con diminutas luces blancas y bolas plateadas. Estábamos en el Bosque Mágico.

En el Bosque Mágico

Salieron a nuestro encuentro un par de elfos que ¡tenían nuestras cartas! Menos mal, porque nos dijeron que las cartas no llegarían a su destino si les faltaba el sello élfico que tenían en sus manos. Pasaron los sellos a los pequeños para que todos pudieran sellar su carta e introducirla en el gran buzón que estaba allí.

Buscando las cartas con el iluscopio

Un poquito más adelante se encontraban cuatro telescopios muy especiales llamados iluscopios. Estaban dispuestos en distintas alturas para que los niños de todas las edades y tamaños pudieran ver con sus propios ojos el viaje de las cartas que acababan de echar al buzón.

Salimos del Bosque Mágico y entramos en la última estancia, la de la Esfera de los deseos.

Al fondo de esta sala podíamos ver una bola de cristal tan inmensa que llegaba hasta el techo. Dentro de ella, había algo parecido a polvo de nieve, que volaba en su interior dando vueltas a la velocidad del viento. Macario, el elfo centenario, nos llevó hasta el gran elfo, que nos explicó que aquello era el polvo de los deseos que habían sido escritos en las cartas. Desde allí viajarían hasta Papá Noel y los Reyes Magos.

El gran elfo y su becario centenario

Para que también nuestros deseos se convirtieran en polvo y entraran en esa esfera de dimensiones increíbles debíamos soplar. Y eso hicimos. Soplamos fuerte, fuerte, muy fuerte hasta que nuestras cartas y las ilusiones que contenían se transformaron por arte de magia en polvo y viajaron así hasta Laponia y Oriente.

Para todos los que queráis disfrutar de esta experiencia mágica que te transportará a la ilusión de las navidades de nuestra infancia, no dudéis en acercaros al Departamento de Envíos Extraordinarios de Correos. ¡No os arrepentiréis!

https://www.departamentodeenviosextraordinarios.es/

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